lunes, 1 de febrero de 2016

"Madrid no para". Recorrido de domingo para vivir la ciudad

“Madrid no para”, es la frase que me invita a conocerla un poco más, un domingo cualquier de un atípico invierno madrileño y aún con frío es probable que continuara en movimiento. Al llegar a esta gran urbe, ya no como turista, y detenerte un poco a observar las calles, las plazas y las personas; miras un poco más allá de lo evidente y te quedas perpleja contemplando que es una ciudad donde la identidad colectiva pareciera que se recrea y se modela en la apropiación del espacio público.  

La Latina: Mercado de la Cebada

Te quedas perpleja y decides experimentar de aquella situación. Así comienza la mañana de un domingo soleado en Madrid. Sales de casa y te diriges al metro, avanzas 6 paradas hasta la Puerta de Toledo, mientras lees un libro en medio del bullicio de la gente (sí acá no hay cumbia, pero casi siempre puedes escuchar a alguna persona vociferando a los cuatro vientos cual si fuera su casa, lo cual a veces es bastante divertido). Bajas y en la misma parada te encuentras con una madrileña, que sin saberlo en ese momento, te guiaría por un típico día familiar en parte de la ciudad que denominan como Madrid castizo. 


Cuesta de El Rastro
A unos metros de la Puerta de Toledo se encuentra El Rastro, que es un típico mercadillo de antigüedades, cosas de segunda mano, artesanías y otros artilugios. Aquí vienes todos, es un lugar casi obligatorio para los que viven y pasan por Madrid, es una experiencia que sin duda hay que experimentarla. Es un punto referencial de la ciudad donde fluye y refluye un sin fin de situaciones, porque no solo se trata de un mercadillo, sino de un espacio donde se concentran múltiples identidades, simbologías y significados. 

Aquí puedes pasear y repasear sin comprar absolutamente nada, solo el hecho de estar ahí lo hace inolvidable. Colores, personajes (aquí es posible encontrar inmigrantes africanos, hindúes, polacos, argentinos, gitanos, españoles en su salsa, (incluyo a ambos sexos), clandestinidad, color, objetos perdidos, antigüedades, música, sabores, alegría y más. Es una euforia con cada paso y cuya cuesta te va dejando siempre perpleja. Pensándolo bien es probable que este lugar tenga un poco de aquella tu “casa” en Perú e inconscientemente te sientes como pez en el agua. 
Música, comercio, y otras artes mágicas en El Rastro

Después de un par de horas de distracción, caminatas, consultas y curiosidades; es tiempo de un aperitivo. Nos dirigimos a Los Caracoles, un típico bar de cañas y tapas donde la especialidad de la casa es obviamente los caracoles (también en El Rastro). Aquí pedimos unas cañas y el plato codiciado, que no había probado hasta ese momento y aunque mi conciencia me decía que no, resulta que en estas circunstancias mi carácter y mi lado antropológico pesa muchísimo. La idea de experimentar suele ser casi siempre “un objeto oscuro de deseo” en mi caso.

Después de unas cervezas, caracoles y baguette termino repleta, y resulta que ahí no terminaba la gracia. Mis acompañantes desean almorzar y yo sumada a la algarabía de vivir la ciudad decido continuar la “aventura culinaria”, al estilo madrileño. Y aunque la elección deseada no fue un típico plato nacional, para variar y observar la diversidad de opciones que ofrece Madrid, elegimos un restaurante asiático. Una porción de makis y cerveza son mi elección. Aquí un detalle, los makis de acá no tienen nada que ver con lo que se ofrece en Lima. 

Calle típica del Centro de Madrid

Acompañados de una charla agradable, finalizamos el almuerzo y decidimos dar una pequeña caminata para, en el mejor término peruano, “bajar la comilona”. Un paseo por varias de las calles del centro es casi obligatorio después de un almuerzo. Pasamos por distintas plazas y algunas calles que suelen ser muy típicas de Madrid (siempre pienso que es como estar paseando por las calles del Centro de Lima, aunque con algunas diferencias). Entonces una grandiosa idea se le ocurre al grupo: ir por unos churros con chocolate así que nos dirigimos a las chocolaterías típicas de la ciudad. A pesar de seguir más que satisfecha, decido con alegría y placer seguir a la comitiva. 

Madrid, con chocolate y churros sí que sí!
Lo churros con chocolate son deliciosos y solo para hacer un paréntesis, hasta ahora no entiendo cómo se puede producir tan buen chocolate en estas latitudes (lo olvidaba industria que nosotros no hemos desarrollado a pesar de tener cacao como cancha). Con buena compañía y embelesada por el postre, miro hacía la ventana y uno de los mejores paisajes que puede dar esta ciudad (además de sus jardines y parques) son sus balcones y ventanas, pareciera que te transportaran a algún lugar recóndito del pasado… 

Terminamos y volvemos a recorrer las calles, siempre repletas de personas en tránsito y con una variedad increíble de cafés en la vía pública (lástima que también sea el paraíso del consumo irresponsable). Entonces comienza a oscurecer, ya es tiempo de volver a casa por una siesta (“a por una siesta”). Así termina un domingo en Madrid, miento! Al final de la noche decido ir a la filmoteca de esta ciudad, al Cine Dore donde los ciclos de cine y de autor están a la orden del día todos los meses del año (este es mi reino).


Recorrido por La Latina

No hay comentarios.:

Publicar un comentario