jueves, 26 de febrero de 2015

Memoria y comunicación: retos de la labor etnográfica


Durante el mes de noviembre y diciembre de 2014, estuve participando en una investigación cualitativa con adultos mayores que presentan algún tipo de discapacidad en la zona costera del Perú (Morropón, Piura, Perú). Aquí me enfrenté a varias situaciones donde es necesario aplicar estrategias de comunicación y uso de lenguaje para enfrentar y sobrellevar las dificultades que implica trabajar con población de la tercera edad y obtener la información necesaria para el estudio. Esto debido a las condiciones que presentan las personas de edad avanzada en esta zona del país. En primer lugar porque existe problemas para recordar algunas de sus experiencias y porque las lagunas mentales que se presentan en el discurso dificultan levantar data cualitativa relevante. Para ilustrar esta situación dejo el trailer de la película peruana Viejos Amigos, donde uno de los amigos se enfrenta a esta situación https://www.youtube.com/watch?v=UXCuPlrNxKc. En segundo lugar, la comunicación y el uso adecuado del lenguaje pueden resultar precarios, en muchos casos por la condición de analfabetismo o por el bajo nivel educativo que presentan los informantes, por lo general educación primaria incompleta, completa y secundaria incompleta. 

En el primer caso, se optó por sugerir a un familiar que nos acompañara durante la entrevista. Se observa que esta estrategia tiene un mejor resultado, no solo porque el hijo(a) o esposo(a) ayudan a recordar situaciones vividas a los adultos mayores, sino porque en muchos casos es la propia experiencia del familiar la que ayuda a descifrar o profundizar situaciones que también han sido parte de su vida cotidiana, por ejemplo; una hija relató que fue ella quien inscribió a su padre en el Sistema Integral de Salud (SIS) y, por lo tanto, es la misma la que cuenta su experiencia con el procedimiento. Asimismo, permite entablar un diálogo entre adulto mayor y familiar mediante comentarios como "mamá recuerda que fuimos de compras la mercado..." y entonces la madre asintió y decidió relatar lo sucedido. Esta situación generó un panorama de confianza, permitió recordar experiencias vividas a la informante y comunicarlas, lo que permite profundizar vivencias que probablemente no serían relatados de manera autónoma debido a los problemas de memoria de los adultos mayores.
Abuela e hijo en entrevista.

En el segundo caso, se optó por usar un lenguaje sencillo de tal forma que los adultos mayores comprendan las preguntas. Se observa que la recepción del mensaje, en este caso una pregunta específica, no es comprendida por los informantes, a pesar de ser una localidad costera. Como menciono líneas arriba, es probable que se deba a la carencia educativa de los adultos mayores y en su lugar existe un código restringido y personal opuesto a la "ciudad letrada", "hablar la lengua del otro no garantiza comunicarse con él y mucho menos comprender su cultura" (Sánchez Parga, pág. 125). De ahí que uno de los retos del antropólogo sea conocer, entender la comunicación de un pueblo, que implica un preámbulo en el trabajo de campo o la bien llamada observación participante si la investigación lo exige. En ese sentido, fue importante conversar con algunos lugareños para comprender las prácticas de comunicación, por ejemplo; la broma, el doble sentido, las experiencias de vida y la sencillez están muy presentes en su vida cotidiana. En ese sentido, fue importante repreguntar y reformular las preguntas, pero sin cambiar el sentido de la misma hasta que los informantes lograron comprenderlas. Si en la labor etnográfica obviamos esta situación es probable que sea presentada como una gran dificultad para levantar información en profundidad, lo que en realidad es parte de la labor y el reto etnográfico. 


Bibliografía

2010 Sánchez Parga, José. El Oficio del Antropólogo. Crítica de la razón (Inter) cultural. Abyala - Yala, Quito, Ecuador
 

jueves, 19 de febrero de 2015

Mi primera vez: limpiando una playa



El domingo 08 de febrero, un grupo de personas nos reunimos por la tarde en la playa Yuyos de Barranco para realizar una limpieza voluntaria. La cita convocó a unas 40 personas aproximadamente, entre adultos, adolescentes y niños dispuestos a dar parte de su tiempo en la iniciativa de Limpieza Internacional de Costas y Riveras del Perú organizado por el Instituto para la Protección del Medio Ambiente y OceanConservacy. La acción incluía, además de recoger la basura separando entre deshechos reciclables y no reciclables, la concientización de las personas que pasaban su tarde de verano en la playa, invitando a participar del voluntariado u ofreciendo una opinión sobre el tema. En mi caso, fue mi primera vez limpiando una playa y realmente puedo decir que ha sido una experiencia grata y aleccionadora. Dejo un pequeño corto casero sobre la limpieza en las playas. https://www.youtube.com/watch?v=7dBWlDn51o0

Se armaron brigadas conformadas por 3 o 4 personas y a mi equipo se unieron 2 chicas de 12 y 13 años. Me causó mucha emoción y esperanza verlas con ganas de aportar, preguntándolo todo y dando su mejor esfuerzo, lo que de cierta manera te hace comprender que la educación sobre estos temas es de prioridad desde la infancia. Para la acción nos entregaron guantes, bolsas para recoger la basura y una ficha para registrar los desperdicios encontrados. Comenzamos nuestra tarea organizándonos y una vez iniciada ésta observamos que cada vez se volvía más ardua, no solo por el hecho de encontrar que hasta el más mínimos residuo es arrojado en nuestras playas, sino porque las personas manifiestan diversos discursos para excusarse sobre este atentado: "qué barbaridad, la municipalidad no hace su trabajo", "faltan tachos de basura señorita", "nosotros no hemos sido, ya estaba así cuando llegamos", "por qué recogen la basura", "te puedo entregar mi basura a ti porque si no la dejo en la playa". Probablemente existen muchas otras justificaciones que aún hay que combatir mediante la educación y la concientización ciudadana sobre los efectos que causa arrojar los desperdicios de basura en la playa y en cualquier rincón del planeta. Sin embargo, algunas personas al ver nuestra acción se sumaron a la misma, siendo lo más gratificante de la tarde porque concluyes que una buena acción es digna de ser imitada y así el malestar pasa un segundo plano.
Formando equipos y entregando bolsas.

Recolección de la basura.
Al final de la tarde en mi grupo logramos recoger 4 bolsas de basura, pero sumaron mucho más con la de los otros equipos, luego reflexionamos, discutimos y agradecimos a cada participante por la acción realizada. Y para el broche de oro decidimos bailar, abrazarnos, ver el sunset y por sobre todo observar una playa limpia. De regreso a casa me quedé con la sensación de que trabajando en grupo, haciendo más llamados a acciones de este tipo y sumando a más personas, aún estamos a tiempo para mejorar el lugar donde vivimos y por supuesto nuestro planeta. Lo olvidaba, también te llevas una gran sonrisa y mucha satisfacción.

Opinión de los veraneantes.
Sunset y playa limpia.