El último fin de semana largo, decidí hacer una pequeña
salida por las afueras de Lima, el lugar escogido: Marcahuasi. Esta meseta de
la Cordillera de los Andes se encuentra ubicada en el distrito de San Pedro de
Casta, en la provincia de Huarochiri, en el departamento de Lima, a unos 4000
msnm. Para llegar al lugar, salí desde el Centro de Lima, en Paseo Colón se
pueden tomar autos colectivo hasta Chosica pagando S/. 8.00. Con suerte y sin
tráfico llegamos en una hora y media.
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| Iniciando el camino, San Pedro de Casta |
Una vez en San Pedro de Casta, es necesario dirigirse a la plaza
donde se encuentra la oficina de información turística. Se debe pagar S/. 5.00
por ingresar a Marcahuasi y seguir algunas recomendaciones como llevar
alimentos, bebida y abrigo porque el lugar carece de servicios y el frió de la
noche es intenso. Puedes subir también en bus, a caballo o hacer
todo el camino a pie con o sin equipaje, pero como los pobladores se preparaban
para la fiesta de San Pedro y San Pablo y ese mismo día tenían un rodeo de todas las
comunidades, fue complicado encontrar algún medio de transporte para
trasladarnos.
Nos aseguramos y llevamos lo indispensable para sobrevivir
en las alturas, pero al hacerlo el equipaje aumento abundantemente, motivo por el
cual teníamos peso en exceso, pero nos retamos a subir en esas condiciones. La
primera parte del camino es bastante empinada por lo que costó más de lo debido y sumado todo nuestro equipaje, fue imposible no pensar: “dónde tenía la cabeza”. Decidí ir a mi
ritmo, lenta pero segura y veía a mi compañero de viaje caminar con buen ritmo
y cada vez más adelantado en el camino, hasta que finalmente lo perdí de vista. Solo podía
imaginar y cual espejismo que él llegaría primero y bajaría para ayudarme, cosa que nunca sucedió.
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| Selfie!!! |
Después de 2 horas y media de caminata y físicamente
destruida, con el calor intenso y las ganas de tirar el equipaje por el abismo,
decidí descansar unos minutos. En este momento comenzaron a pasar muchas personas
por el mismo camino, trasladando a su ganado hacía el rodeo. Ahí encontré a una
familia y les pedí ayuda para cargar parte de mi equipaje (una casaca y una
botella de agua). Desde ese momento pude agilizar mi paso, además de sentirme
algo liberada del peso. Después de algunos minutos, encontré a mi compañero de
viaje, quien había tomado una ruta distinta y tuvo que retomar el camino
correcto, mis ilusiones de ayuda se esfumaron en ese momento. Decidimos descansar y hacer
selfies para el recuerdo.
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| Camino al rodeo, muuu!!! |
Durante el descanso olvidé a la familia a quien encargué mis
cosas, cuando decidí darles el encuentro,
fue imposible y solo pensaba en que “moriría petrificada de frió en las alturas.
Obviamente nunca se detuvieron, siempre me ha sorprendido la caminata veloz que
tienen las personas de la sierra y quizá de ahí que todo sea: aquicito nomás (cerquita). Para nosotros, no acostumbrados a esos ir y venir en las alturas es un largo sufrimiento
por no encontrar el aquicito. Decidida a no pasar frió, fui en busca de la
familia y casi sin querer queriendo terminé en el rodeo que se realizaba en el
otro extremos del camino a Marcuahuasi.
El rodeo es una especie de censo ganadero y se realizan cada
año en el mes de junio para contabilizar cuantos animales tienen las familias de
las 7 comunidades de San Pedro de Casta y se entrega una cuota por animal de
S/. 10.00. Con estos fondos se realizan algunas obras para el beneficio de las
comunidades. Es por ello que los
comuneros llevan a sus animales para que las autoridades puedan hacer el conteo
y el registro oficial, colocando una huella de pintura en la cadera del animal. Esta actividad también es aprovechada entre las personas del lugar para
socializar e intercambiar algunos productos.
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| Familias de San Pedro de Casta en el rodeo |
Para ingresar al rodeo solicité permiso
al presidente de la comunidad, explicándole lo sucedido; muy molesto por lo
acontecido decidió dejarme pasar. Un pensamiento que me rodeaba y habiendo
tratado tantas veces con personas de las comunidades, era que por lo general no
te roban en zona rural y en esa lógica quizá la familia también estaría
buscándome. Después de andar por el gran campo de rodeo, esquivando vacas,
toros, caballos, conversando con las familias, decidí respirar y optar por el
desapego y dejar atrás la casaca. Me despedí de todos y decidí volver al camino
para llegar a Marcahuasi antes del final de la tarde. Un tema para la anécdota:
“yo era la gringa en el rodeo”.
Al retomar el camino encontramos
a la Sra. Ferine de la comunidad de San Pedro de Casta, quien andaba con su
hija y sus dos burros. Ella se dedica a ofrecer el servicio de carga para los
turistas. Solicitamos su auxilio para a cargar el equipaje, pagamos S/. 10.00 y
gracias a ella y los burros el camino se hizo más ligero, aunque no tanto para
mi compañero quien cayó preso del soroche. En ese último trayecto, a lo lejos
observé venir a un niño, al mirarlo bien era el hijo de la familia que perdí en
el camino. Traía consigo mi casaca y la botella de agua, había ido a buscarme
hasta Marcahuasi y me esperaba ahí, pero al ver que no llegaba decidió regresar
para encontrarme en el camino. Fui la más feliz en ese momento, no solo por la casaca
encontrada, sino por la honradez de la familia.
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| Vista desde las alturas del anfiteatro en Marcahuasi |
Después de 5 horas de camino, con
desvió y descanso llegamos al famoso anfiteatro para acampar, comer y
descansar; no llevamos leña, debido al peso, para nuestra buena suerte la Sra.
Ferine tenía leña escondida en la zona de campo y nos vendió dos atados a S/.
20.00. Sin embargo, durante la noche fue imposible prender la fogata, habíamos
llegado tan agotados que ninguno previo buscar ramas secas y combustible para
el fuego, obviamente uno más perdido que el otro debido al cansancio y al
soroche. Nuestros vecinos campantes nos tendieron una mano con el combustible y
gracias a ellos pudimos calentarnos durante una hora y media la fogata.
Luego de ese breve instante solo
nos quedo refugiarnos en la carpa hasta el día siguiente. Todo bien porque estábamos
cansados y el cuerpo y el alma no daba para más nada. Así que caí profundamente
dormida, pero en la madrugada una ráfaga helada se apodero de mis pies descontroladamente
y fue imposible retomar el descanso. Durante casi 3 horas soporté el intenso
frió que entraba por mis pies sin poder controlarlo, a pesar de estar bastante
abrigada. Decidí sacar fuerza de donde no había y tratar de olvidar el dolor,
la meditación también ayuda en estos casos.
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| Formaciones rocosas en Marcahuasi |
Al amanecer y con la puesta del
sol, sacar los pies fuera de la carpa fue la mejor opción hasta lograr
calentarlos. Mi compañero seguía aferrado a su soroche, así que después de un
breve desayuno decidí dar una vuelta mientras el descansaba. Salir del
anfiteatro y descubrir que el paisaje tiene mucho que ofrecer es increíble, puedes observar desde lo alto la miles de formaciones rocosas que
perfilan distintas imágenes (todo es cuestión de imaginarlo) y descansar sobre
algunas piedras contemplando el cielo azul y despejado es una experiencia como
ninguna otra.
Después de pasear rato decidí volver al campamento. El soroche seguía latente en mi compañero y tenía
pinta de no mejorar, y sin la posibilidad de rescatarlo de su mal decidimos regresar a San Pedro. Esta vez en medio de transporte En ese trayecto conocimos a Leo, natural de la comunidad de
San Pedro de Casta, dueño de dos caballos: Gringo y Fino. En el camino él nos
contó algunas cosas sobre el distrito: que en los últimos años han mejorado en algunos servicios, que pronto habrá una represa y tendrán más cultivos, que harán caminos de piedra para evitar los autos y la contaminación.
La bajada fue algo complicada
para mí, porque para variar Fino, a quien montaba era un locaso, aceleraba y
perdía el paso con cada tropiezo, a pesar de ello logré dominar el camino. Finalmente, llegamos sanos y salvos a San
Pedro, después de un caldo de gallina sin presa y mi compañero medio repuesto, tomamos
el camino de regreso a Lima.
Recordando y reflexionando sobre
el viaje y con la sensación de que faltó mucho por conocer, caí en la cuenta que
había hecho bastante, que acercarme a la comunidad de una forma casual, me
había llevado a conocer algo más que solo el paisaje y la magia del lugar, a
contactar con la comunidad, con las personas.
Cuando observaba el rodeo y
estando en el mismo, me pregunté: por qué estando tan cerca de Marcahuasi el
rodeo no había ningún visitante, siendo ésta una actividad cultural
tan importante para la comunidad. Es que finalmente se reproduce en estas
situaciones nuestra lejanía y negación del otro. Así quedé con la extraña sensación
de querer volver al lugar no solo para conocer lo pendiente del complejo, sino
para conocer algo más de las personas de San Pedro de Casta. Así pues “la gringa”
tendrá que volver pronto.
Agradecimiento para mi compañero de viaje por algunas de las fotos tomadas y porque a pesar de su soroche fue capaz de llegar hasta Marcuahuasi.







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